Tuberías, ventanas, cables y tarjetas de crédito tienen un futuro inesperado: el PVC que nadie sabe reciclar podría convertirse en aceite para motores gracias a un proceso a 70 grados con cloruro de aluminio, que elimina el cloro y deja un lubricante con coeficiente de fricción comparable al de los productos comerciales
Hay objetos que nos rodean sin que apenas reparemos en ellos. Tuberías que llevan el agua a nuestras casas, ventanas que nos protegen del frío, cables que esconden la electricidad que mueve el mundo, incluso las tarjetas de crédito que llevamos en la cartera. Todos ellos comparten un mismo material, el PVC, el policloruro de vinilo, un plástico que, con sus 60 millones de toneladas producidas al año , es uno de los más utilizados del planeta. Y también uno de los más odiados por los recicladores. Usamos el PVC a diario, pero nadie te cuenta el problema que viene después: es casi imposible de reciclar. Al tener tanto cloro y tantos químicos añadidos, procesarlo es un reto imposible. Si lo incineras, genera humos altamente tóxicos. Si intentas fundirlo para darle otra vida, rompe las máquinas y contamina el resultado. ¿Cuál es la realidad actual? La gran mayoría termina en la basura o quemado, destruyendo recursos que podríamos aprovechar y dejando una huella de contaminación muy d...