Stellantis cambia el guión (otra vez): cada marca irá por su lado porque el nuevo jefe de diseño se ha cansado del juego de hacer el mismo coche y cambiar 4 cosas y el logo

El nuevo responsable de diseño en Europa de Stellantis ha aterrizado en el grupo con una idea que a mi modo de ver es brillante. Gilles Vidal, que regresó al grupo tras su paso por Renault, quiere terminar con esa sensación de déjà vu que algunos modelos transmitían dentro del propio conglomerado. Su objetivo es el de hacer que cada marca juegue su partido fuera, no dentro de casa.

Durante años, compartir plataformas y tecnología ha sido clave para reducir costes, pero también ha generado un problema. Stellantis tienen demasiados coches que, aunque llevaban insignias distintas, parecían cortados por el mismo patrón. Vidal no niega esa base común, pero insiste en que eso no tiene por qué traducirse en productos calcados.

El cliente no piensa en grupos, piensa en marcas

Hay un punto que el diseñador francés repite como si fuera un mantra y es que el cliente no compra un “Stellantis”. Compra un Peugeot, un Citroën o un Opel. Y esa diferencia, que parece obvia a simple vista, es justo donde quiere hacer hincapié.

La estrategia pasa por reforzar la identidad de cada marca hasta hacerla inconfundible. Que alguien dude entre dos coches del grupo puede pasar, pero no porque sean prácticamente iguales. La idea es que cada uno tenga su carácter, su enfoque y su público, reduciendo esa competencia interna que, en el fondo, no beneficia a nadie.

¿De qué sirve comprar un 208 si viene Opel y te planta un Corsa por 5.000 euros menos?

Mismos cimientos, sensaciones opuestas

El reto técnico no es pequeño en absoluto. Muchas marcas comparten estructuras, plataformas y componentes clave. Eso no va a cambiar, pero lo que sí quiere cambiar Vidal es lo que percibe el conductor.

Diseño, comportamiento en carretera, ambiente interior… todo debe construir experiencias distintas. La referencia pasa por regresar a ese punto de partida, a esa etapa pasada del grupo PSA, cuando modelos desarrollados bajo un mismo programa lograban diferenciarse claramente tanto en estética como en conducción.

Cada marca, un papel bien definido

Vidal tiene bastante claro qué papel debe jugar cada firma dentro del grupo, y no pretende que se solapen.

Peugeot seguirá empujando en innovación, explorando ideas avanzadas sin caer en diseños exagerados que no encajen en la calle. Citroën, por su parte, abrazará su lado más práctico y desenfadado, con coches accesibles, espaciosos y con ese toque poco convencional que siempre la ha hecho distinta a la marca.

DS continuará trabajando su posicionamiento como alternativa premium con sello francés, mientras que Fiat seguirá desarrollando una gama con enfoque familiar y cercano.

En el caso de Opel, la intención es reforzar su identidad como marca alemana, pero con un punto creativo que la diferencie dentro de ese territorio más sobrio.

Alfa Romeo quiere volver a hacerte sentir algo al volante

Si hay una marca donde el discurso se vuelve más emocional, esa es Alfa Romeo. La intención que tiene Vidal es la de recuperar la conexión entre coche y conductor.

Vidal apuesta por mantener elementos físicos, sensaciones táctiles y una experiencia más directa. No se trata solo de ir rápido, sino de sentir que estás conduciendo algo con carácter. Incluso los modelos más accesibles deberían transmitir, en su medida, ese espíritu que hoy representan los Alfa Romeo más exclusivos.

Maserati, en pleno cambio de piel

El caso más delicado es el de Maserati. Vidal reconoce que necesita una reinvención mucho más profunda. Su historia está marcada por ciclos de diseño muy marcados, con cambios radicales cada cierto tiempo, y ahora toca escribir el siguiente capítulo.

La cuestión es compleja porque después de haber pasado por diferentes lenguajes estéticos a lo largo de décadas, encontrar una nueva dirección no es solo cuestión de estilo, sino de identidad.

Menos clones, más carácter

En el fondo, todo se resume en una idea bastante directa, Stellantis debe dejar de fabricar coches que parezcan versiones del mismo producto y empezar a construir marcas con personalidad propia.

Si el plan funciona, Stellantis dejará de competir consigo misma y empezará a jugar en serio contra sus rivales.

¿Será tarde?



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