Todos mirando a China y va India, coge cobre y cloro e inaugura la primera planta mundial que genera hidrógeno nuclear a montones y sin gases de efecto invernadero
El sueño del hidrógeno siempre se ha vendido igual: un coche que solo echa vapor de agua por el escape, cero humos, cero CO₂. Suena perfecto. El problema es que, para llegar a ese escape tan limpio, hoy ensuciamos el planeta por el otro lado.
Y es que más del 95% del hidrógeno que se produce en el mundo es «sucio»: sale del gas natural o del carbón soltando toneladas de CO₂. Así que el verdadero cuello de botella del hidrógeno nunca ha sido el coche, sino cómo fabricarlo limpio y barato a la vez.
Por eso me ha llamado la atención lo que acaba de hacer India. No es una noticia de coches al uso, pero va directa a esa herida: han puesto en marcha la primera planta del mundo que produce hidrógeno acoplando el ciclo termoquímico cobre-cloro al calor de un reactor nuclear. Sin quemar nada y sin emitir gases de efecto invernadero.
La planta está en el Indira Gandhi Centre for Atomic Research (IGCAR), en Kalpakkam (Tamil Nadu), y la inauguró el pasado 26 de junio el Departamento de Energía Atómica indio, con su secretario Ajit Kumar Mohanty al frente. El proceso lo ha desarrollado de cero el Bhabha Atomic Research Centre (BARC) de Bombay. Cien por cien tecnología india.
El verdadero problema del hidrógeno nunca ha sido el coche
Déjame que te ponga en contexto, porque aquí está la madre del cordero. El hidrógeno no es una fuente de energía, es un «vector»: hay que fabricarlo. Y según cómo lo fabriques, sale más limpio o más cochino. De ahí los colores.
El gris se saca del gas natural o del carbón. Es el más barato y el que domina el mercado, pero echa CO₂ a mansalva. El verde se obtiene partiendo agua con electricidad renovable (la famosa electrólisis): limpísimo, pero caro y poco eficiente, porque el proceso se come en torno al 60% de la energía que le metes.
¿El resultado de esa ecuación? Que el hidrógeno verde es hoy casi testimonial, apenas un 1% del total, y que producirlo cuesta del orden de 3 a 8 € el kilo. Para que te hagas una idea: un coche de pila de combustible gasta alrededor de 1 kg cada 100 km, así que hablamos de unos 10 € a los 100. Caro.
Ese, y no otro, es el motivo por el que los coches de hidrógeno llevan años atascados. No es que la tecnología del coche no funcione (el Toyota Mirai o el Hyundai Nexo llevan tiempo rodando), es que repostar sale caro, hay cuatro hidrogeneras contadas y, encima, buena parte de ese hidrógeno venía de quemar fósiles. Limpiabas el escape para ensuciar la fábrica.
Un reactor nuclear haciendo de cocina química
Vamos a la parte interesante: cómo demonios se fabrica hidrógeno con una central nuclear sin enchufar un electrolizador. Aquí está el truco, y es más elegante de lo que parece.
En vez de usar la electricidad del reactor para partir el agua, India aprovecha directamente su calor. La planta toma el calor del Fast Breeder Test Reactor, un reactor rápido (de los que España no tiene y muy pocos países dominan) para alimentar el llamado ciclo cobre-cloro (Cu-Cl).
¿Y qué es ese ciclo? Una serie de reacciones químicas encadenadas que, usando compuestos de cobre y cloro como intermediarios, van rompiendo la molécula de agua hasta separar el hidrógeno del oxígeno. Lo bueno: el cobre y el cloro no se gastan, se reciclan en bucle. Entra agua, sale hidrógeno limpio.
La gracia frente a la electrólisis está en la eficiencia. Convertir calor en electricidad y luego usar esa electricidad para partir el agua pierde energía en cada paso. Usar el calor directamente para la química se salta intermediarios, y por eso estos ciclos termoquímicos prometen rendimientos más altos.
¿Por qué el cobre-cloro y no otro? Porque trabaja a temperaturas bastante más bajas que sus rivales. Otros ciclos termoquímicos, como el azufre-yodo, necesitan pasar de los 800-900 °C, una barbaridad que pocos reactores aguantan. El Cu-Cl se maneja con bastante menos calor, lo que lo hace mucho más realista de acoplar a un reactor. Eso, sumado a su alta eficiencia termodinámica, es justo lo que destacan desde el Departamento de Energía Atómica indio.
Y un apunte que a mí me parece lo más jugoso del asunto: este reactor no se construyó para esto. El Fast Breeder Test Reactor lleva décadas siendo la punta de lanza del programa nuclear indio, y lo que demuestra esta planta es que un reactor puede dar mucho más que electricidad. Su calor de proceso, que normalmente se desaprovecha, sirve también para fabricar combustible.
Lo que cambia para los coches de pila de combustible
¿Y esto en qué nos toca a los del motor? Pues en el nervio del asunto. Si el gran «pero» del hidrógeno era producirlo limpio y barato, una ruta nuclear ataca las dos cosas a la vez.
Por un lado, limpio: cero CO₂ en la producción, frente al 95% gris que tenemos hoy. Por otro, y aquí está la baza de la nuclear frente a la solar o la eólica, funciona las 24 horas. Un reactor no depende de que haga sol o sople el viento: da calor y electricidad de forma continua. Para una fábrica de hidrógeno, que necesita producir sin parar para ser rentable, esa estabilidad vale oro.
Ahora bien, voy a mojarme, que para eso estoy. En el coche de pasajeros, el hidrógeno ha perdido la partida contra la batería, y no creo que la recupere. El eléctrico de batería es más eficiente, más barato y ya tiene una red de carga de verdad. El Mirai y el Nexo son una rareza meritoria, pero una rareza.
Donde el hidrógeno sí tiene una baza real es en todo lo que cuesta un mundo electrificar con baterías: camiones de largo recorrido, transporte marítimo, trenes sin catenaria, maquinaria pesada. Y sobre todo en la industria (siderurgia, fertilizantes, química), que hoy se traga ese hidrógeno gris a millones de toneladas. Ahí, tener hidrógeno limpio y barato a espuertas lo cambia todo.
Y es que el verdadero premio no es que tu próximo coche sea de hidrógeno, sino descarbonizar a los grandes consumidores que ahora mismo no tienen alternativa. Si eso sale adelante, ganamos todos, también los que conducimos.
Ojo, que esto todavía es un experimento
Dicho todo lo bueno, toca bajar a tierra, que estas cosas se venden muy alegremente. Lo que ha inaugurado India no es una planta comercial, es un demostrador tecnológico: un experimento a escala piloto para validar que el invento funciona y recoger datos de funcionamiento.
De aquí a una planta que produzca hidrógeno en serie y a precio competitivo hay un trecho enorme, el mismo que se ha llevado por delante a muchas promesas energéticas. La propia hoja de ruta lo admite: el objetivo ahora es afinar el ciclo Cu-Cl con la experiencia operativa y preparar el terreno para futuras plantas. O sea, queda camino.
Pero que sea un primer paso no le quita mérito. Es la primera vez que alguien acopla este ciclo a un reactor nuclear y lo pone a funcionar de verdad, no en una pizarra. Y es un buen recordatorio de que la guerra de la energía limpia no se gana solo con baterías: se gana atacando el problema por todos los frentes a la vez.
India acaba de abrir uno nuevo. Habrá que ver si lo lleva del laboratorio a la carretera, y a la fábrica, pero el movimiento es de los que merecen seguirse de cerca.
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