Un kilo de ladrillo guarda más energía que un kilo de batería de litio a la décima parte del coste: la tecnología que financia Bill Gates entra este año en una planta química alemana

Hay un detalle que casi siempre pasamos por alto: el verdadero motor de la industria no es la electricidad, sino el calor. Piensa en las fábricas que hacen el cemento, el acero, tu comida o la química del día a día. Necesitan hornos encendidos día y noche a temperaturas brutales. El gran reto aquí es el mismo que con la luz de casa: el sol y el viento van y vienen, y la industria no puede parar.

La industria tiene un problema: necesita calor constante, pero el sol no siempre brilla ni el viento siempre sopla. Si queremos calor y electricidad limpia y renovable tenemos un problema. Pero mientras que para la electricidad tenemos baterías de litio, para el calor industrial la solución no es tan sencilla. No puedes enchufar un horno de cemento a una pila y listo.

Aquí es donde entra una idea tan antigua como la humanidad y tan moderna como la mente que la ha rediseñado: calentar ladrillos. Pero no ladrillos cualquiera. Ladrillos refractarios, los mismos que se usan desde hace décadas en los altos hornos de las acerías, capaces de soportar temperaturas de más de 1.000 grados sin fundirse ni agrietarse.

Hay una empresa en California que está revolucionando todo esto: Rondo Energy. Y no lo hacen solos; tienen detrás el respaldo de un inversor que sabe bastante de esto: Bill Gates. Lo que proponen promete muchísimo, al menos en teoría. Imagina un simple ladrillo caliente que guarda más energía por kilo que la batería de tu móvil, de litio, pero cuesta diez veces menos y dura décadas como nuevo.

Ladrillos, resistencias y un secreto llamado inercia térmica

El funcionamiento de esta «batería de calor» es sorprendentemente sencillo, casi doméstico. Imagina el calentador de una tostadora o la resistencia de un horno eléctrico. Ahora imagina miles de esos cables de resistencia atravesando un bloque del tamaño de un contenedor, lleno hasta arriba de ladrillos refractarios. Cuando hay excedente de energía renovable (por ejemplo, a mediodía, cuando el sol pega fuerte), se hace pasar corriente por esas resistencias. Los ladrillos se calientan, y se calientan mucho: hasta 1.000, 1.200 o incluso 1.500 grados centígrados.

Lo mejor es que, una vez calientes, estos ladrillos son como un termo gigante: no se enfrían fácilmente. Tienen una capacidad asombrosa para retener el calor durante días, perdiendo menos del 1% cada 24 horas. Así, cuando el sol se oculta, llega la noche o el cielo se nubla y la fábrica necesita energía, el sistema simplemente sopla aire a través de los ladrillos para extraer todo ese calor guardado.

Rondo lo explica con una frase que es toda una declaración de intenciones: «Cargamos durante las seis horas más baratas del día, y descargamos cuando la fábrica lo necesita». Es decir, compran electricidad cuando sobra y es barata (muchas veces a precio cero o incluso negativo), la convierten en calor, y venden ese calor a la industria cuando la demanda sube y los precios del gas se disparan. Un negocio redondo.

El kilo de ladrillo que vale más que un kilo de litio

Una de las afirmaciones más potentes de Rondo Energy es que su sistema es más barato y más denso energéticamente que las baterías de litio para aplicaciones de calor industrial. ¿Y esto por qué es posible? Porque la comparación no es directa.

Una batería de litio almacena electricidad, que es una forma de energía muy versátil pero también muy cara de almacenar. Los ladrillos de Rondo almacenan calor, que es justo lo que necesita la industria. No están compitiendo en el mismo mercado. Y cuando se calcula el coste por kilovatio-hora térmico almacenado, el ladrillo gana por goleada.

Según los datos de la compañía, su sistema alcanza eficiencias de ida y vuelta superiores al 97% . Esto significa que de cada 100 unidades de electricidad que metes en el sistema, recuperas 97 unidades de calor útil. Las pérdidas son mínimas. Y los materiales son tan baratos (arcilla, sílice, alúmina, los mismos componentes del ladrillo común) que el coste por kWh almacenado es una décima parte del de una batería de litio.

Además, la vida útil es enormemente superior. Una batería de litio dura entre 8 y 15 años, y luego hay que reciclarla. Los ladrillos refractarios pueden durar más de 40, incluso 100 años, sin pérdida de rendimiento. No se degradan con los ciclos de carga y descarga porque no hay reacciones químicas, solo calor y frío.

California ya tiene la primera planta de 100 MWh, y Alemania llega en 2026

Esta no es una tecnología del futuro. Ya está funcionando. En octubre de 2025, Rondo Energy puso en marcha su primera instalación comercial a gran escala en una planta de producción de combustible en California, alimentada exclusivamente por 20 MW de energía solar instalada in situ. La batería tiene una capacidad de 100 MWh y suministra vapor a alta presión de forma continua, 24 horas al día, sustituyendo parcialmente a las calderas de gas. La instalación superó dos meses de pruebas automatizadas sin un solo incidente de seguridad, y su eficiencia térmica superó el 97%.

Pero el verdadero salto para Europa está en Alemania. En 2024, Rondo Energy recibió una inyección de 75 millones de euros del fondo Breakthrough Energy de Bill Gates, del Banco Europeo de Inversiones (BEI) y de la Comisión Europea para desarrollar tres proyectos en el continente  El más emblemático es el de la planta química de Covestro en Brunsbüttel, al norte de Alemania.

Allí, a lo largo de 2026, se construirá una batería de calor de 100 MWh que cubrirá aproximadamente el 10% del vapor que necesita el complejo. Covestro es uno de los mayores fabricantes de polímeros del mundo, y su planta de Brunsbüttel es estratégica para Alemania. La instalación permitirá ahorrar hasta 13.000 toneladas de CO₂ al año. La previsión es que la batería térmica esté operativa a finales de 2026.

La letra pequeña: no todo el mundo puede usarla (todavía)

La tecnología tiene limitaciones. Ojo, esto no significa que vayamos a ver coches o móviles funcionando con ladrillos; el litio sigue siendo el rey para todo lo que se mueve. Tampoco sirve para generar electricidad en casa, porque pasar ese calor a una turbina de vapor desperdicia demasiada energía por el camino. El verdadero negocio de Rondo no es pelearse con Tesla por el mercado de las baterías eléctricas. Su terreno es otro. Es competir con las calderas de gas en el mercado del calor industrial.

Si la planta de Covestro funciona según lo previsto, es muy probable que veamos baterías de ladrillos en las fábricas de cemento, en las refinerías, en las plantas de tratamiento de residuos y en los procesos de fabricación de alimentos de media Europa antes de 2030.



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