Una boya de acero de 85 metros, ni ancla ni cable submarino y un puñado de chips de inteligencia artificial refrigerados con agua de mar: la apuesta de Peter Thiel para sacar los centros de datos a alta mar genera su propia luz con el vaivén de las olas y se conecta al mundo solo por Starlink
Si pensamos en nuestro entorno, seguro que es más que difícil encontrar a alguien que no haya usado o use la Inteligencia Artificial en su día a día. Las generaciones más jóvenes son las que quizá más uso le dan en su día a día para sus estudios generando bastante debate en torno a su uso. Pero el debate no está solo ahí ya que seguramente hemos oído alguna vez a alguien decir que se está vaciando un pantano cuando usamos Chat GPT y alguno no lo acabará de entender.
La inteligencia artificial tiene un apetito insaciable. No solo de datos, sino de electricidad. Los centros de datos que alimentan a los modelos de IA consumen tanta energía como ciudades enteras y necesitan enormes cantidades de agua para refrigerarse. Es por eso que se habla de los pantanos y también el motivo por el que cada vez la oposición vecinal a tener un centro de datos cerca es mayor, porque el impacto no es poco.
Elon Musk propone una solución radical: llevarlos al espacio, a órbita, donde el sol brilla siempre y no hay vecinos que protesten . Pero hay un problema: lanzar una tonelada al espacio cuesta una fortuna. Y mientras los cohetes de SpaceX despegan, una startup estadounidense con sede en Portland, Oregón, propone una alternativa más terrenal: llevar los centros de datos al mar.
La empresa se llama Panthalassa (que en griego significa «todo el mar»), y su idea es tan sencilla como ambiciosa: construir enormes boyas de acero, de 85 metros de altura (más que el Big Ben de Londres), sin anclas, sin cables submarinos y sin conexión a tierra. Estas estructuras, llamadas «nodos», se mecen con el vaivén de las olas, generan su propia electricidad, refrigeran sus chips con agua de mar y se comunican con el mundo a través de satélites Starlink. Y todo esto lo financia Peter Thiel, el cofundador de PayPal y Palantir, que acaba de liderar una ronda de financiación de 140 millones de dólares para hacerlo realidad.
¿Cómo funciona el «nodo» de Panthalassa? El secreto está en la forma
El nodo de Panthalassa no es una boya cualquiera. Es una estructura de acero, de entre 70 y 100 metros de profundidad, que se mantiene vertical gracias a la física, no a un ancla. No tiene hélices para moverse: usa la propia forma del casco para convertirse en su propio sistema de propulsión. Cuando las olas lo mecen, el agua entra por una abertura inferior y es forzada hacia arriba por la inercia del movimiento. Ese flujo de agua acciona una turbina interna que genera electricidad, exactamente igual que en una central hidroeléctrica, pero en medio del océano .
Lo mejor de todo: es un sistema en circuito cerrado. El agua que mueve la turbina es la misma que circula una y otra vez dentro del nodo, sin necesidad de bombear agua nueva constantemente. Eso evita la entrada de nutrientes que podrían provocar el crecimiento de algas o la corrosión excesiva . La electricidad que genera no se envía a tierra, porque tender un cable submarino de cientos de kilómetros es caro y complicado. En lugar de eso, se usa directamente a bordo para alimentar los chips de IA, que están sellados herméticamente en el interior del nodo .
El secreto mejor guardado: refrigeración gratis y chips que duran más
Una de las grandes ventajas de esta idea es la refrigeración. Los centros de datos en tierra gastan cantidades ingentes de energía y agua potable para mantener los chips a una temperatura adecuada. En el mar, el agua que rodea el nodo actúa como un disipador de calor natural, extrayendo el calor de los chips de forma continua y eficiente . La temperatura del océano es mucho más estable que la del aire en tierra, lo que prolonga la vida útil de los componentes.
Además, al no tener oxígeno en el interior del compartimento donde van los servidores, se elimina uno de los principales factores de degradación de los chips . El CEO de Panthalassa, Garth Sheldon-Coulson, asegura que esto podría reducir la tasa de fallos de los servidores. Es una de esas ventajas que parecen menores, pero que pueden marcar la diferencia entre un proyecto rentable y uno inviable.
¿Por qué Peter Thiel ha apostado 140 millones de dólares?
La ronda de financiación de Panthalassa es impresionante: 140 millones de dólares liderados por Peter Thiel, con la participación de pesos pesados como John Doerr, Marc Benioff (TIME Ventures) y Max Levchin (SciFi Ventures). No es un capricho de un multimillonario. Es una apuesta por una infraestructura que podría desbloquear el enorme potencial energético de los océanos, que es más de 30 veces mayor que la demanda eléctrica mundial.
Según la empresa, los nodos pueden alcanzar factores de capacidad de más del 90% en las regiones oceánicas más energéticas. Para que te hagas una idea, un parque solar en tierra tiene un factor de capacidad de alrededor del 20-25%, y un parque eólico, del 30-40%. La energía de las olas, lejos de la costa, es increíblemente constante y predecible . Y además, la propia infraestructura del nodo ocupa muy poco espacio: la huella de un nodo y su fábrica es una centésima parte de la que ocuparía una planta solar para generar la misma potencia.
El desafío de la comunicación: las «tareas que duran días» como negocio
El gran pero de esta tecnología es la latencia. No puedes poner un nodo en medio del Pacífico y esperar que responda a una consulta en milisegundos. Las comunicaciones por satélite, como Starlink, tienen una latencia de cientos de milisegundos, lo que descarta aplicaciones como la conducción autónoma o los sistemas de respuesta en tiempo real. Pero Panthalassa no va a competir en ese mercado.
Su objetivo son las cargas de trabajo de larga duración: el «razonamiento profundo«, en el que el modelo de IA se toma minutos u horas para responder a una pregunta compleja; el aprendizaje por refuerzo, en el que los algoritmos pasan días o semanas entrenando a través de prueba y error; y la inferencia a gran escala en la que no importa si un token de salida tarda un segundo más en llegar. Todo esto representa una parte creciente del gasto energético de la IA.
Los nodos de Panthalassa también pueden funcionar como «clusters» independientes sin necesidad de comunicarse entre sí para la mayoría de las tareas. Cada nodo es autónomo y resuelve sus propios problemas sin tener que coordinar con los demás. Y si falla un servidor, el nodo puede ser comandado para que regrese a puerto por sus propios medios, ser reparado y volver a su posición .
El plan: de los prototipos a la flota comercial
Panthalassa no es una startup que empieza de cero. Lleva una década desarrollando esta tecnología, con prototipos como el Ocean-1, Ocean-2 y Wavehopper, probados en el Pacífico Norte entre 2021 y 2024. El siguiente paso es el Ocean-3, una serie de nodos piloto que se desplegarán en el norte del Pacífico a partir de octubre de 2026. Estos nodos ya incorporarán IA a bordo. La idea es que para 2027 ya tengan nodos comerciales en el agua, operando de forma autónoma y generando ingresos.
Todo esto suena a ciencia ficción, y lo es en parte. Pero es una ciencia ficción que cuenta con el respaldo de algunos de los inversores más importantes de Silicon Valley, con una década de I+D a sus espaldas y con un argumento muy sólido: si vamos a necesitar decenas de miles de megavatios para la IA, y en tierra cada vez es más difícil construirlos, quizá sea hora de mirar hacia el horizonte.
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