Empezaron calentando la cerveza de una fábrica holandesa quemando polvo de hierro y acaban de levantar 114 millones: la caldera cuya única ceniza es óxido puro que se recicla y vuelve a arder

A veces de las ideas más locas surgen los mayores avances tecnológicos. Y es que si decimos que lo que empezó como un proyecto universitario para calentar cerveza ha acabado siendo una de las apuestas más prometedoras para descarbonizar la industria pesada, pocos nos creerán. Pero así es. Hay una pequeña revolución industrial que arrancó calentando cerveza y que hoy es una caldera que convierte hierro en energía limpia, como lo lees.

Una startup llamada Rift acaba de conseguir 114 millones de euros para llevar al mercado un invento que suena a ciencia ficción: una caldera que quema polvo de hierro para generar calor sin emitir ni una sola gota de dióxido de carbono. Y lo mejor no es solo cómo genera energía, sino que funciona como un círculo perfecto: las cenizas que quedan tras la combustión no se tiran, sino que se reciclan para volver a usarse como combustible.

Un combustible que parece arena pero arde como el gas

Para entender cómo funciona, imaginemos cualquier fábrica típica (una papelera, una cervecera o una planta de plásticos) donde, normalmente, se usan calderas gigantes que queman gas natural a todas horas para calentar agua y producir vapor, un proceso que contamina muchísimo. El sistema de Rift cambia las reglas del juego: quita el gas y lo sustituye por polvo de hierro, un material que parece arena fina pero que es una auténtica mina de energía.

El proceso es bastante directo. El polvo de hierro se mete en un quemador especial, se mezcla con aire y una pequeña chispa enciende una llama potentísima. Al arder, el hierro se oxida y libera muchísimo calor: la llama alcanza hasta los 2.000 grados.

Y ahí está su gran baza, porque a esa temperatura sirve para procesos que la electrificación no puede cubrir. Una bomba de calor vale para climatizar una oficina, pero no para cocer ladrillos, fundir cerámica o alimentar la síntesis química, y es justo ese calor de alta temperatura el que hoy depende casi por completo del gas. El hierro llega donde el enchufe no llega. Y para lo demás también sirve: en la ciudad holandesa de Helmond, una planta piloto ya alimenta una red de calefacción urbana que calienta a unos 500 hogares.

El truco final: las cenizas que no son residuos

Este proceso ya es prometedor, pero lo mejor viene con lo que ocurre al terminar. Cuando el hierro acaba de arder, el único residuo que queda es óxido de hierro, lo que todos conocemos como herrumbre. Y aquí llega la jugada maestra: en lugar de desechar ese óxido, Rift lo recoge y lo procesa con hidrógeno verde (fabricado con energías limpias).

Ese tratamiento le arranca el oxígeno al óxido y vuelve a dejar el hierro en forma de polvo, listo para quemar otra vez. La combustión en sí no emite ni un gramo de CO2, y contando todo el ciclo, incluida la regeneración, las emisiones caen alrededor de un 80% frente al gas tradicional.

Es una forma brillantemente simple de convertir un residuo en un recurso. Como si después de una barbacoa pudieras recoger las cenizas del suelo y, con un truco, transformarlas de nuevo en carbón para la semana siguiente. Tan sencillo como increíble.

De un proyecto de estudiantes a una empresa de 114 millones

Las buenas ideas pueden surgir en cualquier momento, y apostar por ellas puede dar frutos. Todo empezó en la Universidad Tecnológica de Eindhoven, donde el profesor Philip de Goey puso en marcha en 2015 un programa de investigación inspirado en cómo se queman ciertos metales en los motores de los cohetes. La conclusión: el hierro, abundante, barato y facilísimo de transportar, podía ser el combustible perfecto para el día a día en la Tierra.

De aquella investigación surgió un equipo de estudiantes, SOLID, que en 2020 construyó un primer prototipo en una fábrica de cerveza local para calentar el agua con la que elaboraban la bebida. Funcionó tan bien que encendió la mecha de lo que hoy es Rift, fundada ese mismo año por Mark Verhagen, Vincent Seijger y Lex Scheepers, y que actualmente cuenta con unos 75 empleados.

La spin-off pronto llamó la atención de fondos importantes, hasta el punto de completar el programa Breakthrough Energy Fellows, la iniciativa climática de Bill Gates, que la respaldó durante dos años con financiación y asesoramiento.

RONDA RÉCORD
LA FINANCIACIÓN
114 M€
Serie B83,1 M€ (PGGM)
Fondo Innovación UE30,7 M€
PadrinoBill Gates (BE)
CÓMO FUNCIONA
2.000 °C
CO2 directoCero
Emisiones vs gas−80% (ciclo)
ResiduoÓxido reciclable
EL PRIMER CONTRATO
340 GWh/año
ClienteKingspan Unidek
En marcha2029
CO2 evitado (15 años)+1 M t

El mercado industrial: un gigante sediento de energía limpia

El objetivo de Rift es ambicioso: descarbonizar el calor industrial, uno de los mayores focos de emisiones del planeta y, a la vez, uno de los más difíciles de limpiar. Las fábricas de papel, productos químicos o materiales de construcción dependen casi por entero de los combustibles fósiles porque necesitan mucho calor, y a temperaturas que ni la electricidad ni las bombas de calor alcanzan de forma viable.

La tecnología de Rift les ofrece una salida directa y limpia, ya que sus sistemas se adaptan a las calderas que las empresas ya tienen con unos pocos cambios. De hecho, ya han firmado su primer contrato comercial con la holandesa Kingspan Unidek, fabricante de aislamientos para la construcción, para instalar una caldera de hierro en su planta de Gemert.

Ese primer proyecto entregará unos 340 GWh de calor al año y evitará más de un millón de toneladas de CO2 a lo largo de 15 años. Con los 114 millones recién captados (una Serie B de 83,1 millones liderada por el fondo de pensiones PGGM más una subvención de 30,7 del Fondo de Innovación de la UE), la empresa construirá su primera planta de producción de combustible, con Amberes como ubicación más probable, y prevé que ese primer despliegue esté operativo en 2029.

El reto de la escala y la competencia de precios

A pesar de su promesa, el hierro como combustible aún tiene desafíos importantes. El principal es económico: su precio debe ser competitivo con el del gas natural. Ahora mismo, Rift puede suministrar hierro por unos 140 euros la tonelada métrica, pero necesita escalar la producción para abaratar costes. A su favor juega que la caldera alcanza rendimientos de hasta el 95% y que el combustible se transporta y almacena en contenedores normales, sin los riesgos del hidrógeno.

Y precisamente ese es el otro gran escollo: la disponibilidad y el coste del hidrógeno verde, necesario para reciclar el óxido. Sigue siendo escaso y caro, aunque su producción crece a buen ritmo.

La empresa no está sola en esta carrera. Otras startups como Iron+ (Países Bajos), Altiro Energy, FeX Energy (Canadá) o Ferron Energy (Australia) exploran caminos similares, casi todas con raíces en las mismas investigaciones pioneras de Eindhoven y Montreal. Es un campo emergente pero con mucho potencial, sobre todo en Europa, donde los precios del gas son volátiles y las regulaciones ambientales, cada vez más estrictas.

Un futuro de hierro para la industria

Rift no solo está creando una tecnología, sino que está sentando las bases de una nueva industria: la del combustible de hierro reciclable. Su enfoque es un recordatorio de que, en la transición energética, las soluciones más elegantes no siempre son las más complejas, sino las que aprovechan materiales abundantes y procesos circulares.

La idea, de hecho, la resume su propio consejero delegado, Mark Verhagen, cuando explica que la única ceniza que deja el proceso es óxido puro que se recicla y vuelve a arder. Ahí está la esencia de su propuesta: un ciclo de energía limpia, sin residuos, y con la vista puesta en una meta enorme, la de recortar mil millones de toneladas de CO2 al año en 2050.



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