Mientras Europa ensambla ITER pieza a pieza, China prueba a plena potencia un imán de 582 toneladas que triplica al europeo… y promete encender su primera bombilla con fusión en 2030

¿Alguna vez has intentado juntar dos imanes por el lado equivocado? Esa sensación que has notado, esa fuerza que los repele y te hace imposible unirlos, es la que usan los reactores de fusión para confinar el plasma, ese gas tan caliente que fundiría cualquier material.

El problema es que el plasma de un reactor de fusión alcanza los 100 millones de grados, más de seis veces la temperatura del núcleo del Sol, que ronda los 15 millones. Ningún metal aguanta eso. Así que la única forma de contenerlo es con campos magnéticos tan potentes que lo mantengan flotando en el vacío, sin tocar las paredes.

Esa es la misión del imán toroidal (TF) de 582 toneladas que China acaba de presentar. Este coloso mide 21 metros de largo, 12 de ancho y 3,3 de alto. Estamos ante el imán superconductor más grande jamás construido para un reactor de fusión.

Deja atrás incluso a los del proyecto internacional ITER en Francia, con 1,3 veces más volumen y el triple de energía almacenada. Y lo más llamativo: es un imán 100% nacional, un logro que no es menor, porque el acero especial, los materiales aislantes y los cables superconductores se han fabricado íntegramente en el país.

Conviene, eso sí, poner una cosa en su sitio: este imán es una sola pieza de un puzle enorme. En el reactor definitivo harán falta 16 bobinas idénticas como esta, ensambladas en anillo, cada una capaz de conducir 100 kiloamperios y generar 6,5 teslas en el centro, más de cuatro veces el campo de una resonancia magnética de hospital. El proyecto ha necesitado seis años de diseño y pruebas, y ha dejado por el camino 47 patentes y 14 estándares técnicos.

La tecnología que pone a China en la puerta de la fusión

El imán toroidal es solo una pieza del puzle. China también ha probado con éxito el electroimán central de alta temperatura, una bobina superconductora que actúa como el encendedor del reactor: su función es iniciar y dar forma a la corriente de plasma. Este segundo imán ha superado pruebas a 60 kiloamperios de corriente estable y 6,03 megajulios de energía almacenada.

Que un imán pese 582 toneladas no es una ocurrencia. Lograr la fusión no es fácil: exige un escudo invisible, un campo magnético tan fuerte y estable que logre domar el plasma sin dejarlo escapar. Por eso, contar con un imán gigante y cargado de energía cambia las reglas del juego. Permite diseñar un reactor mucho más potente que trabaja a temperaturas extremas sin asumir riesgos innecesarios.

Los imanes de ITER, que ya son de los más avanzados del mundo, se quedan por detrás de este en tamaño y energía. Y eso es relevante para el proyecto europeo, que ya ha sufrido retrasos y sobrecostes hasta el punto de que su primer plasma no se espera hasta 2035.

El camino hacia la primera bombilla: el proyecto BEST

El imán forma parte del proyecto CRAFT (Comprehensive Research Facility for Fusion Technology), una instalación que funciona como banco de pruebas para los futuros reactores chinos. Pero el verdadero objetivo no es ese imán, sino lo que viene después: el BEST (Burning Plasma Experimental Superconducting Tokamak), que se está construyendo en Hefei.

El BEST es un reactor compacto de alto campo que China quiere tener listo para finales de 2027. Su objetivo es conseguir la primera generación de electricidad por fusión en torno a 2030. No es un prototipo de laboratorio, sino un paso previo a un reactor comercial. El BEST está diseñado para demostrar que se puede sacar más energía de la que se mete, el famoso «net energy gain» que solo se ha logrado de forma puntual en un disparo láser, nunca de forma sostenida en un tokamak.

La apuesta china por la fusión: del laboratorio a la industria

China no se ha limitado a construir un imán gigante. Ha creado todo un ecosistema industrial alrededor de la fusión. La instalación CRAFT no es solo un banco de pruebas, es una fábrica de tecnologías que ya está generando patentes y contratos con empresas privadas.

El país ha invertido miles de millones de yuanes en desarrollar una cadena de suministro completa para la fusión: desde la fabricación de superconductores hasta los sistemas de control de plasma y los materiales de primera pared.

Numerosas empresas chinas participan en el suministro de componentes para los reactores de fusión, un ecosistema difícil de igualar en Europa. Mientras ITER depende de componentes fabricados en decenas de países que luego hay que ensamblar en Francia, China puede fabricar y probar todos los elementos críticos en su propio territorio. Esa integración vertical le permite iterar más rápido y abaratar costes.

RÉCORD MUNDIAL
EL IMÁN TOROIDAL
582 t
Medidas21 × 12 × 3,3 m
Campo magnético6,5 teslas
Frente a ITER×1,3 volumen, ×3 energía
EL PLASMA
100M °C
Núcleo del Sol~15M °C
Bobinas del reactor16 en total
Corriente por bobina100 kA
LA CARRERA
2030
Reactor BESTListo en 2027
Primer plasma ITER2035
SuperconductorDe 400 a 100 ¥/m

Según el Ministerio de Ciencia y Tecnología chino, el país ha pasado de ser un seguidor en fusión a un líder en tecnologías clave en menos de una década. Esta apuesta industrial, combinada con los plazos agresivos del proyecto BEST, convierte a China en uno de los principales candidatos a encender la primera bombilla de fusión comercial.

Por qué el imán chino importa tanto

La diferencia entre el enfoque chino y el europeo es una cuestión de filosofía y de ritmo. ITER es un proyecto internacional colosal: 35 países, una inversión que supera con creces los 20.000 millones de euros, y un calendario que se ha alargado hasta 2035 para el primer plasma. Es el reactor más grande del mundo, pero avanza a un ritmo de elefante. China, en cambio, ha optado por imanes más potentes en reactores más compactos, con plazos mucho más cortos.

El resultado es que China ya tiene un imán que triplica en energía almacenada a los imanes de ITER, y planea tener un reactor experimental funcionando en 2027. Para 2030, espera generar sus primeros vatios con fusión. Europa, mientras tanto, sigue ensamblando ITER pieza a pieza, con una fecha aún lejana para la generación de electricidad.

Ahora bien, conviene no dejarse llevar del todo por el entusiasmo. Un imán de récord no es un reactor terminado, y ninguno de los dos proyectos ha demostrado todavía generar electricidad neta de forma sostenida. Los plazos en fusión, además, tienen una larga tradición de incumplirse, en Oriente y en Occidente. Lo que sí ha cambiado es el mapa: durante décadas, la fusión era cosa de consorcios occidentales, y hoy China marca uno de los ritmos más rápidos del sector.

La guerra tecnológica silenciosa: un 100% de fabricación nacional

La carrera por la fusión no es solo científica, es geopolítica. El director del Instituto de Física de Plasmas de Hefei, Song Yuntao, ha declarado que estos avances refuerzan la capacidad de China para construir reactores de fusión de forma independiente.

El país no solo ha reducido su dependencia tecnológica, sino que también ha abaratado los costes drásticamente: los materiales superconductores que antes costaban 400 yuanes por metro (unos 56 dólares) ahora cuestan apenas 100 yuanes (unos 14 dólares), gracias a la fabricación nacional.

Esto no es un detalle. Significa que China puede fabricar sus propios imanes de fusión sin depender de proveedores extranjeros, y además puede hacerlo a un coste mucho menor. Es una ventaja que le permite escalar la tecnología más rápido y con menos riesgo.

¿Qué significa todo esto para la energía del futuro?

El imán de 582 toneladas no es solo un logro técnico. Es un recordatorio de que la fusión ya no es una promesa lejana, sino una carrera de fondo muy reñida. China ha plantado su bandera en el kilómetro 2030. Europa sigue construyendo ITER. Quien llegue primero a la meta no solo se llevará el premio científico, sino la capacidad de generar una energía casi ilimitada y sin apenas emisiones.



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