12,9 grados menos sin enchufar a la corriente: el invento español que refrigera superficies bajo el sol usando solo la radiación infrarroja, una alternativa al aire acondicionado que podría ahorrar el 20% del consumo eléctrico mundial

Acabamos de vivir un eclipse así que tenemos el sol muy presente ahora mismo. Además, con las olas de calor que hemos ido encadenando en los últimos meses somos más que conscientes de que el sol, a veces, golpea sin piedad y el termómetro no da tregua. Nuestro mejor aliado en esas ocasiones es el aire acondicionado. Notamos calor y sin pensarlo mucho pulsamos el botón del aire y, con él, sumamos nuestra pequeña contribución a un problema global.

Y es que cada vez que lo encendemos para no tener calor y sentir que somos un pollo asándonos lentamente, estamos alimentando un círculo vicioso: el 20% de la electricidad que se consume en el mundo se va en refrigeración, y se espera que esa cifra no haga más que crecer. Más calor, más aire acondicionado; más aire acondicionado, más consumo; más consumo, más emisiones; más emisiones, más calor. La pescadilla que se muerde la cola.

Es, sin duda, un tema que preocupa y al que se trata de buscar solución, pero ¿y si la solución estuviese en seguir haciendo exactamente lo mismo, pero sin usar electricidad?. Como un espejo que devuelve la luz al sol, como la tierra que se enfría por la noche emitiendo el calor que ha acumulado durante el día. Ese es el principio de la refrigeración radiativa pasiva, un fenómeno físico que permite que un material se enfríe por sí mismo, sin enchufe, sin compresor, sin ruido. Y un equipo del Instituto de Micro y Nanotecnología del CSIC, el grupo FINDER, acaba de dar un paso de gigante para hacerlo realidad.

Han desarrollado un nanomaterial que, colocado bajo el sol, consigue reducir la temperatura hasta 12,9 grados sin consumir ni un vatio de electricidad. No es un experimento de laboratorio en condiciones ideales; lo probaron al aire libre, en la azotea del instituto en Tres Cantos, durante el verano de 2025, bajo el sol abrasador de Madrid.

Imagínate una red tridimensional de nanoestructuras hecha con un polímero especial. Lo increíble de este material es que hace un doble juego perfecto: por un lado, rebota la radiación solar para no ganar temperatura y, por el otro, libera su calor justo en la frecuencia de infrarrojos que la atmósfera no puede frenar. Básicamente, tiene línea directa con el frío del cosmos, como si el aire del planeta ni siquiera existiera para él.

Este avance, publicado en la revista Nanophotonics, no es solo una curiosidad científica. Es una respuesta a la pregunta que millones de personas se hacen cada vez que sudan en una oficina mal ventilada o en un coche estacionado al sol. No se trata de un producto comercial listo para usar, sino de una prueba de concepto que demuestra que existe una alternativa a la guerra contra el calor, una que no pasa por consumir más energía, sino por entender mejor cómo funciona la física del frío.

Refrigeración sin enchufe: el principio de la radiación

Si alguna vez has tocado una superficie blanca bajo el sol y la has notado más fresca que una negra, ya has experimentado algo parecido a la refrigeración radiativa pasiva. Los materiales de colores claros reflejan más luz solar y absorben menos calor. Pero la PDRC va un paso más allá. No solo refleja la luz visible, sino que también emite el calor acumulado en forma de radiación infrarroja, aprovechando una ventana en la atmósfera que deja escapar esa energía hacia el espacio exterior. Es como si el material tuviera una chimenea invisible que conecta directamente con el frío del cosmos.

Para que funcione en pleno día, el material debe cumplir dos condiciones que parecen contradictorias: reflejar la mayor parte de la radiación solar para no calentarse, y emitir con gran eficacia su propio calor en esa ventana de transparencia atmosférica. Si se logra ese equilibrio, el material puede alcanzar temperaturas inferiores a la del ambiente que lo rodea sin consumir ni un solo vatio.

El nanomaterial del CSIC: PVDF con estructura 3D

Para lograrlo, el equipo del CSIC recurrió al PVDF, un plástico famoso por su capacidad de expulsar calor. Sin embargo, la magia no está solo en el ingrediente, sino en la receta. En lugar de usarlo de forma común, crearon una minúscula red en tres dimensiones utilizando un molde repleto de poros microscópicos de óxido de aluminio. Esta especie de «colador» a escala nanométrica les dio un control absoluto y milimétrico para esculpir la estructura interna del material a su antojo.

Además, el material es hidrófobo, lo que le confiere un efecto autolimpiante, y resistente a la radiación ultravioleta, una propiedad clave para su durabilidad en exteriores. No es un material frágil que se degrade con el sol; es un material pensado para aguantar el paso del tiempo.

12,9 grados menos bajo el sol de Madrid

El proyecto no es solo una idea de laboratorio, lo han probado en la azotea del IMN-CNM en Tres Cantos, durante el verano de 2025. En esos días de verano asfixiantes, secos y con el sol pegando con fuerza —curiosamente, cuando mejor funciona—, este material logró bajar la temperatura casi 13 grados en comparación con una superficie normal. No es un detalle cualquiera: en una casa, esos grados son justo la frontera entre vivir pegado al aire acondicionado o poder apagarlo.

Lo mejor de todo, según explican en la revista Nanophotonics, es que fabricarlo es bastante barato y fácil de producir en masa. No estamos ante un material raro de laboratorio que nunca veremos en el mercado, sino ante un plástico de lo más común al que simplemente se le ha cambiado el diseño interno para darle superpoderes.

Un futuro más fresco sin consumir más energía

El equipo del CSIC, liderado por Cristina Vicente, trabaja en el proyecto ‘COOLed‘, que busca precisamente llevar esta tecnología más allá del laboratorio. Aunque todavía se encuentra en fase de desarrollo, el nanomaterial ya ha demostrado su potencial.

La aplicación más inmediata sería en cubiertas y fachadas de edificios, donde podría reducir drásticamente la necesidad de aire acondicionado. Pero también podría usarse en dispositivos electrónicos, vehículos o sistemas de gestión térmica personal. La promesa es sencilla: enfriar sin enchufar, ahorrar energía sin renunciar al confort. En un mundo que se calienta, esa idea, tan simple como poderosa, merece ser explorada.



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