El estado del río Danubio pone en jaque a Ford y a Dacia: las fábricas echan el cierre hasta el 19 de agosto y puede prolongarse
El Danubio se ha convertido, casi sin previo aviso, en el gran protagonista de la crisis industrial que atraviesa Rumanía. El descenso de su caudal, provocado por meses de calor extremo y falta de lluvias, ha terminado golpeando de lleno a dos de los mayores fabricantes de coches del país: Ford y Dacia. Ambas compañías han tenido que parar la producción en sus plantas rumanas, y todo apunta a que la solución no será rápida.
El primer ministro, Ilie Bolojan, confirmó que el cierre se mantendrá al menos hasta el lejano 19 de agosto, aunque nadie descarta que la pausa se alargue si el nivel del río no se recupera. Y es que el origen del problema no está en la fábrica, ni en lo proveedores ni en ningún problema geopolítico sino en el propio río y es que el Danubio es la fuente de agua que Rumanía necesita para refrigerar sus reactores nucleares, y sin ese caudal, todo el sistema energético del país pende de un hilo.
Ford produce en su planta de Craiova, a 230 kilómetros al oeste de Bucarest, modelos como el Puma y las furgonetas Transit Courier y Transit Tourneo Courier. A poco más de 100 kilómetros de allí, en Pitesti, Dacia fabrica el Duster y el Bigster, dos de sus modelos más vendidos en Europa. Ninguna de las dos plantas es reemplazable a corto plazo, así que tal y como te puedes imaginar, la parada tiene un peso considerable para ambas marcas.
El nivel del Danubio ha caído hasta el punto de comprometer la refrigeración del único reactor nuclear que Rumanía tiene operativo en estos momentos. Para intentar ganar algo de margen, el pasado 3 de agosto las autoridades llegaron a demoler una formación rocosa, con la idea de facilitar que el agua del río llegara mejor hasta el sistema de refrigeración. Una medida de urgencia que da una idea de hasta qué punto se ha tensado la situación.
El trasfondo energético es igual de preocupante. Nuclearelectrica, la empresa estatal que gestiona la producción nuclear, aporta normalmente en torno a una quinta parte de toda la electricidad del país. Pero la caída del caudal del río obligó a apagar uno de sus dos reactores, recortando de golpe una parte importante de esa capacidad justo cuando más se necesita debido a las altas temperaturas.
El problema, además, no se queda dentro de las fronteras rumanas. Hungría atraviesa un aprieto energético muy similar, también como consecuencia del calor y como no, de la sequía. El problema para la vecina Hungría es aún mayor. El propio Danubio y también el Rin han visto caer sus niveles tras un verano marcado por temperaturas muy altas y sistemas de altas presiones que han mantenido alejadas las lluvias.
Un ejemplo claro de esta situación se vive en Kaub, un enclave clave del Rin para el transporte de mercancías hacia el sur de Alemania y Suiza. Allí, el agua ha bajado hasta los 25 centímetros, una cifra que iguala el mínimo histórico marcado durante la sequía de 2018.
Con este panorama, el cierre de Ford y Dacia deja de ser un simple contratiempo puntual para convertirse en un síntoma más de un problema mayor y es la dependencia de la industria europea de unos ríos que, verano tras verano, dan cada vez menos margen.
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